Si alguna vez viste una película de guerra, sabés que los Marines son la fuerza de combate más letal y disciplinada del mundo. Tienen rangos estrictos, jerarquías y un respeto absoluto por la autoridad.
Al mismo tiempo, son entrenados para apoyar a sus compañeros, sin importar las consecuencias. Son mucho más que colegas. Se consideran a sí mismos "hermanos y hermanas".
"Nadie da su vida por un compañero de trabajo. Das tu vida por un hermano".
Esta relación no nace de la sangre, nace del sufrimiento compartido y de saber que, si la situación se invirtiera, el otro haría exactamente lo mismo por vos.
Simon Sinek cuenta una historia que ilustra muy bien lo que significa realmente tener gente a cargo.
Sinek estaba visitando la base de los Marines en Quantico, Estados Unidos.
Llegó la hora del almuerzo y fueron al comedor de campaña.
Simon esperaba ver lo que vemos en cualquier empresa tradicional: los jefes primero. Se imaginaba al General y a los oficiales superiores sentándose en la cabecera, siendo servidos antes que nadie, mientras la tropa esperaba.
Pero vio exactamente lo contrario.
Los primeros en la fila, con sus bandejas en la mano, eran los reclutas más jóvenes. Los soldados rasos. Detrás de ellos, los cabos. Luego los sargentos. Y al final de todo, último en la cola, estaba el General de mayor rango.
Simon observó algo más: ese día la comida escaseaba. Mientras los chicos de 19 años se servían porciones completas, cuando llegó el turno del General, casi no quedaba nada.
El General no gritó. No exigió su plato. Simplemente agarró una manzana y una ensalada que sobraba, se sentó y comió sonriendo.
Simon, fascinado, le preguntó a un oficial de la Marina: “¿Por qué hacen esto? ¿Es una regla?”.
El oficial lo miró extrañado y le dijo: “No, no está escrito en ningún lado. Es simplemente cómo somos. Los líderes comen al final“.
La diferencia entre cargo y liderazgo
En el mundo corporativo estamos acostumbrados a que el liderazgo se trate de privilegios. “Soy el jefe, tengo la oficina de la esquina, viajo en business, me escuchan primero”.
Pero en los Marines, el liderazgo se trata de responsabilidad.
La lógica biológica detrás de “comer al final” es simple: si tus soldados saben que, cuando las papas quemen (o cuando se acabe la comida), vas a sacrificar tu bienestar para cuidarlos a ellos… entonces ellos te van a seguir al infierno si hace falta.
Se genera un contrato de lealtad inquebrantable.
El soldado piensa: “Si este tipo está dispuesto a pasar hambre por mí hoy, sé que me va a proteger de las balas mañana”.
¿Tu equipo “se la jugaría” por vos?
Llevando esto a la oficina (donde por suerte no hay balas, aunque a veces parece):
“Comer al final” no significa literalmente almorzar a las 3 de la tarde. Significa:
- Cuando hay un error, el líder asume la culpa (se come el golpe).
- Cuando hay un éxito, el líder cede el crédito al equipo (y organiza el banquete).
- Cuando hay recortes o crisis, el líder protege los puestos de trabajo de su gente antes que su propio bono.
Muchos tienen el rango de jefes, pero no tienen la autoridad moral. La gente los sigue porque tiene que hacerlo, no porque quiera.
Y muchos no tienen cargo, pero son líderes. Porque cuidan a los que están a su alrededor.
La pregunta incómoda para esta semana:
Si hoy tu área estuviera en el ojo de la tormenta y las cosas se pusieras difíciles… ¿tu equipo daría todo por vos?
¿Querés llevar esta mentalidad a tu organización?
Si sentís que en tu organización sobran “jefes” pero faltan líderes que cuiden a su gente, tengo una charla diseñada específicamente para esto.
La pregunta a responder: ¿cómo construir esa confianza radical que hace que los equipos de alto rendimiento funcionen?
Si te interesa llevarla a tu empresa este año, o participar de un webinar sobre el tema, sumate a la lista de espera acá o respondeme este correo.
Hagamos que valga la pena seguirte.
Un abrazo,
Diego Dalman
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