"Perdón por hablarte": la nota que me rompió el corazón


Me escribió una nota.

"Siento haber hablado cuando estabas en una llamada. Con amor, Katie"

Estaba en una llamada bastante importante con mi jefe de entonces. Katie entró en la habitación e hizo una pregunta. Silencié la call y le grité que saliera de la habitación. Pude ver sus lágrimas mientras se iba, pero yo ya estaba en medio de algún tema, con mi jefe, sobre algo sin importancia.

Me escribió esta nota, la dejó en mi puerta y se fue a su habitación a leer tranquilamente.

Esto es lo que quizás no sepas.

Por aquel entonces, llevaba casi un año entero en la "escuela virtual", como alumna de primer grado. Al final del día, terminaba los deberes y salía a andar en bicicleta o a colorear con tiza mientras su hermana terminaba sus deberes y podían jugar juntas a Roblox.

Sólo quería preguntarme si podía hacer limonada. Eso es todo. Una simple pregunta de sí o no. Y grité como si hubiera pateado al perro, quemado la casa o pedido un millón de dólares.

Hacía lo mejor que podía con una mamá estresada que no aguantaba bien.

Este recordatorio me mata cada día.

Y es un talismán para "hacerlo mejor".

Ese día fallé como mamá.

Y luego gané.

La levanté en brazos, limpié las lágrimas de mis ojos (y de los suyos). La abracé y le dije...

"Lo siento, Katie. Te quiero y no fui amable. Lo haré mejor".

Escrito por Kim Crean.

¿Por qué te comparto esto hoy?

Porque esta escena no pasa solo en la cocina de casa. Pasa en nuestras oficinas, en nuestros Zooms y Teams y en nuestros equipos todos los días.

Cambiá a "Katie" por ese colaborador que te hace una pregunta cuando estás a mil. Cambiá la "limonada" por una duda sobre un proceso o una idea nueva. Cambiá el "grito" por un mail cortante, una mirada de fastidio o un silencio indiferente.

El estrés nos convierte en la peor versión de nosotros mismos.

Y muchas veces, en el afán de ser "profesionales" y atender lo "urgente", atropellamos a las personas que tenemos a nuestro cargo.

La lección de esta historia no es que no te vas a equivocar. Te vas a equivocar. Vas a perder la paciencia. Vas a estar estresado.

La verdadera lección está en lo que pasa después.

El liderazgo real no se trata de perfección. Se trata de reparación. De Inteligencia Emocional. De pedir disculpas. De tener conciencia de lo que hacemos o no hacemos.

Tu desafío para este año

En esas estamos. Intentando hacerlo mejor cada día. Caeremos, nos equivocaremos, aprenderemos y nos volveremos a levantar.

Si sentís que este año querés tener menos reacciones automáticas y más respuesta consciente, quiero ayudarte a prepararte.

Tengo dos espacios abiertos para trabajar esto a fondo:

Opción 1: Mentoría 1:1. Un espacio personalizado donde trabajamos mano a mano en tu estilo de liderazgo, tu comunicación y cómo gestionar la presión 👉 Más info acá.

Opción 2: Programa de Liderazgo. Un entrenamiento intensivo y en vivo, grupal, para líderes que quieren herramientas concretas de inteligencia emocional y gestión de equipos. Empezamos pronto. 👉 Lista de espera acá.

"Lo haré mejor". Que ese sea nuestro mantra para este 2026.

Un abrazo,

Diego Dalman

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